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Máquinas expendedoras para un mundo más justo

Máquinas expendedoras para un mundo más justo

Hoy os traemos una historia de las que ilusionan a los profesionales que, como nosotros, nos dedicamos al vending. Y es que a nuestro entender las máquinas deben servir al hombre, y nunca el hombre a las máquinas.

En numerosos lugares desfavorecidos algunos productos de primera necesidad son un verdadero lujo, pues algo esencial como una lata de detergente para lavar las ropas de una familia puede costar el jornal de varios días, lo que implica que la gente no puede comprar los productos en las tiendas sino en paquetes pequeños que se revenden en los mercados, y que en cómputo general salen mucho más costosos.

Por ello, un día Verónica Báez, habitante de Huechuraba en Perú con su marido y tres hijos, siendo consciente de que los habitantes de su barrio en ocasiones sobreviven con menos de 400 dólares al mes (la mitad del salario medio en el país), planteó una pregunta que a la larga lo cambiaría todo: ¿por qué no hacemos como se hacía antes, cuando nuestros padres eran pequeños?

José Moller recogió esa idea, y decidió darle respuesta con las tecnologías del siglo en el que vivimos: construyó máquinas expendedoras de madera, sencillas, que venden pequeñas cantidades de detergente al precio del coste, lo que supone más de un 40% de ahorro de comprarlo al menudeo. Este precio se consigue comprando el producto en grandes cantidades, y al no necesitar inversión de publicidad pues el boca a boca corre rápido entre los vecinos, ha conseguido que la iniciativa sea todo un éxito.

El funcionamiento es bien simple: se introducen tres moneras de 25 centavos en el ingenio, y la máquina expende 200 gramos de detergente en una taza reutilizable.

Por ahora la máquina está en pruebas en Huechuraba, en la parte de atrás de un supermercado local. Su dueña, Patricia Sagredo, está muy contenta por la excepcional acogida, de manera que está pensando seriamente en crear nuevas máquinas con el mismo sistema que faciliten otros productos básicos como arroz, lentejas o azúcar.

De aquí a un futuro próximo el emprendedor Moller espera recibir una subvención de un concurso de emprendedores sociales que le permitan instalar 100 máquinas más por toda la ciudad.

Así que ya ven: el ahorro puede ser ridículo, de unos 15 centavos de dólar, pero para algunas familias puede suponer tener ropa limpia todos los días.

La foto es de Joaquín Trujillo Campos

La info original (en inglés): http://www.pri.org/stories/2013-05-07/affordable-washing-detergent-poor-chile

 

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